domingo, 15 de noviembre de 2009

La cascada del arroyo de la Hoz




Esta es una ruta que podemos calificar "de temporada" si queremos apreciar la cascada del arroyo de la Hoz. Si nuestro objetivo es otro, por ejemplo disfrutar del paisaje, caminar o conocer un puerto (o collado) de conexión entre Segovia y Guadalajara, se puede hacer prácticamente en cualquier época del año.
La ruta comienza en El Muyo (para mi el pueblo negro por definición), en el que la pizarra sirve para deslindar los huertos:






Para fundirse con la naturaleza en ricas combinaciones cromáticas:












Incluso para construir la última morada de sus vecinos:





A el Muyo llegaremos, normalmente, por la carretera que sale enfrente de Madriguera y para nuestra ruta no tendremos más que seguirla atravesando el pueblo, donde se convierte en el camino de Becerril. Al poco de abandonar las casas, a la derecha del camino, podremos ver una recia fuente





Sigue el camino, ahora junto al regato, casi arroyo, de la Dehesa hasta que se bifurca y nosotros nos iremos por la izquierda, comenzando una buena subida en la que llevaremos a nuesta derecha una valla que nos separa de la dehesa. Si nos giramos para contemplar el paisaje valdrá la pena. En primer término El Muyo y al fondo, entre las tierras rojas, Madriguera:





Cuando nuestras piernas notan que se ha acabado el esfuerzo veremos otra bifurcación a la derecha (que lleva a Becerril) y que no cogeremos. Ahora vamos a reponernos del esfuerzo con una pronunciada bajada por "La Solana" (de merecido nombre). Si hacemos la ruta en "temporada", es decir después de importantes lluvias o en el deshielo (las fotografías que nos ilustran fueron tomadas en el mes de marzo de 2.009, cuando en las cumbres cercanas a Valdebecerril todavía quedaban manchas de nieve) según bajamos nos iremos encontrando con la cascada que forma el arroyo de la Hoz al precipitarse, escalonadamente, por las laderas que bajan de dicho pico (1.766 m) y Peña Esmijada (1.639 m). En cualquier otro momento también vale la pena fijarse en las imponentes rocas que nos cerrarán el paso al llegar al punto más bajo de este descenso.






El arroyo de la Hoz se forma con el del Horcajo y el manantial del Guijo, y después de unirse a otros diversos cursos de agua y tomar el nombre, un tanto pomposo, de "río Cobos" se junta con el Aguisejo (que nace no muy lejos, al lado de Grado de Pico), llegando a Estebanvela.

Pasado el arroyo sigue el camino hacia el Collado del Puerto de los Infantes (1.484 m) ahora en una fuerte subida (se conoce en la zona como la "Cuesta de Revientaburras"). Este puerto (que en la siguiente fotografía vemos desde alguna altura) hace de cruce de caminos: a la izquierda hacia Grado del Pico y Santibáñez de Ayllón rodeando Cabeza Chica (1.565 m) y Cabeza Grande (1.598 m) y de frente o a la derecha nos llevaría hacia el río Lillas (entrada al maravilloso parque natural castellano-manchego "Hayedo de Tejera Negra").





Este collado o puerto de Los Infantes tiene relación con la conocida fiesta llamada "La Caballada de Atienza" (de la que se puede tomar noticia aquí), pues es por donde se supone que los arrieros de Atienza pasaron con el rey niño Alfonso VIII hasta Segovia -y después a Ávila-, en las legendarias siete jornadas de camino que la fiesta de La Caballada conmemora cada año.

En llegar al collado se puede tardar, más o menos, noventa minutos, y algo menos al regreso.


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domingo, 31 de mayo de 2009

Árboles singulares de Segovia: Las encinas Plateras, de Corral de Ayllón





Desde hace unos años se está tomando mucho interés, por las distintas Comunidades Autónomas (prefiero pensar que esa es la razón y no que se trate de una moda), en catalogar los árboles singulares de sus territorios y, en lo que respecta a Castilla y León, en la creación de un "Catálogo de especímenes vegetales de singular relevancia de Castilla y León", en el que, en lo tocante a Segovia, vemos que se incluyen desde árboles tan conocidos y fáciles de visitar como el cedro de la Plaza de la Merced o los pinsapos, secuoyas o cedros existentes en La Granja (hoy Real Sitio de San Ildefonso). También se incluyen, como es lógico, distintos "especímenes vegetales" (toma ya) existentes en la provincia. Por otro lado la Obra Social de Caja Madrid (sí, la que gracias a su patrocinio de las obras de conservación de nuestro Acueducto tuvo colgada su publicidad durante no poco tiempo en los andamios que rodeaban el monumento, mientras brillaba por su ausencia Caja Segovia), tiene publicados dos tomos de "Árboles, leyendas vivas", en los que también aparecen varios ejemplares provinciales.

De los distintos árboles singulares de la provincia, ya sean de "especímenes" catalogados o de las "leyendas vivas", voy a intentar mostrar el camino para llegar a alguno de ellos, la mayoría de un fácil acceso, y otros que es más complicado -uno sobre todos- de poder admirar de cerca.

Empezamos con las "encinas plateras", de Corral de Ayllón, ejemplares de "Quercus ilex", de una edad aproximada, dicen, de trescientos años.

Esta localidad, que en lo antiguo se llamaba, simplemente, "El Corral" y que en el "Diccionario Geográfico-Estadístico-Historico de España y sus posesiones de Ultramar" de Pascual Madoz se describe como "lugar con ayuntamiento de la provincia de Segovia (15 leguas), partido judicial de Riaza (2 1/2 leguas), audiencia territorial y capitanía general de Madrid (22 leguas), diócesis de Sigüenza (14 leguas). Situada en una elevación plana, con buena ventilación y clima sano", está enclavada a poco más de ocho kilómetros de la Villa de su apellido y se llega a ella, viniendo desde Ayllón, cogiendo una desviación, a la derecha, que existe poco después de pasar por Santa María de Riaza.

Aprovechando la dirección que traemos atravesaremos el casco urbano, dejaremos a la derecha un depósito de agua y, seguidamente, justo antes de la señal de tráfico que nos indica la dirección de Riaguas y Campo de San Pedro, veremos un camino con restos de asfalto que inmediatamente rodea una finca cercada y se acerca a unas naves ganaderas (al menos en la primavera de 2.009), donde podemos dejar el vehículo -realmente podríamos seguir circulando por el camino, pero este es un blog de caminantes, aunque sea de escasas distancias-.





Ahora no tenemos más que seguir el camino durante unos setecientos metros, más o menos, para empezar a ver las majestuosas encinas en la descarnada ladera izquierda del mismo, cuya erosión, en algunos casos, ha dejado al aire partes de la zona baja de su tronco que deberían estar debajo de la tierra.











Vista desde el Google Earth ésta sería la ruta y las encinas (marcadas con círculos):





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