domingo, 31 de mayo de 2009

Árboles singulares de Segovia: Las encinas Plateras, de Corral de Ayllón





Desde hace unos años se está tomando mucho interés, por las distintas Comunidades Autónomas (prefiero pensar que esa es la razón y no que se trate de una moda), en catalogar los árboles singulares de sus territorios y, en lo que respecta a Castilla y León, en la creación de un "Catálogo de especímenes vegetales de singular relevancia de Castilla y León", en el que, en lo tocante a Segovia, vemos que se incluyen desde árboles tan conocidos y fáciles de visitar como el cedro de la Plaza de la Merced o los pinsapos, secuoyas o cedros existentes en La Granja (hoy Real Sitio de San Ildefonso). También se incluyen, como es lógico, distintos "especímenes vegetales" (toma ya) existentes en la provincia. Por otro lado la Obra Social de Caja Madrid (sí, la que gracias a su patrocinio de las obras de conservación de nuestro Acueducto tuvo colgada su publicidad durante no poco tiempo en los andamios que rodeaban el monumento, mientras brillaba por su ausencia Caja Segovia), tiene publicados dos tomos de "Árboles, leyendas vivas", en los que también aparecen varios ejemplares provinciales.

De los distintos árboles singulares de la provincia, ya sean de "especímenes" catalogados o de las "leyendas vivas", voy a intentar mostrar el camino para llegar a alguno de ellos, la mayoría de un fácil acceso, y otros que es más complicado -uno sobre todos- de poder admirar de cerca.

Empezamos con las "encinas plateras", de Corral de Ayllón, ejemplares de "Quercus ilex", de una edad aproximada, dicen, de trescientos años.

Esta localidad, que en lo antiguo se llamaba, simplemente, "El Corral" y que en el "Diccionario Geográfico-Estadístico-Historico de España y sus posesiones de Ultramar" de Pascual Madoz se describe como "lugar con ayuntamiento de la provincia de Segovia (15 leguas), partido judicial de Riaza (2 1/2 leguas), audiencia territorial y capitanía general de Madrid (22 leguas), diócesis de Sigüenza (14 leguas). Situada en una elevación plana, con buena ventilación y clima sano", está enclavada a poco más de ocho kilómetros de la Villa de su apellido y se llega a ella, viniendo desde Ayllón, cogiendo una desviación, a la derecha, que existe poco después de pasar por Santa María de Riaza.

Aprovechando la dirección que traemos atravesaremos el casco urbano, dejaremos a la derecha un depósito de agua y, seguidamente, justo antes de la señal de tráfico que nos indica la dirección de Riaguas y Campo de San Pedro, veremos un camino con restos de asfalto que inmediatamente rodea una finca cercada y se acerca a unas naves ganaderas (al menos en la primavera de 2.009), donde podemos dejar el vehículo -realmente podríamos seguir circulando por el camino, pero este es un blog de caminantes, aunque sea de escasas distancias-.





Ahora no tenemos más que seguir el camino durante unos setecientos metros, más o menos, para empezar a ver las majestuosas encinas en la descarnada ladera izquierda del mismo, cuya erosión, en algunos casos, ha dejado al aire partes de la zona baja de su tronco que deberían estar debajo de la tierra.











Vista desde el Google Earth ésta sería la ruta y las encinas (marcadas con círculos):





Para ver las fotografías a mayor tamaño no hay más que pulsar sobre ellas.



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miércoles, 18 de febrero de 2009

Miradores al valle de Valsaín - El Cerro del Puerco




El Cerro del Puerco es conocido, sobre todo, por haber sido uno de los lugares en los que, durante la "Batalla de La Granja", en la guerra incivil española, se produjeron más combates. Pero para el que escribe su mayor valor no es el histórico, ni los muchos restos de aquella guerra que en él existen, sino el paisajístico. Pese a su pequeña altura, o precisamente por ello, una vez que te sitúas en su cima notas como las montañas de alrededor, ya sean un poco más altas -el Moño de la Tía Andrea- o mucho más -Peñalara, por ejemplo- le acompañan perfecta y armónicamente, y nos permite ver como se van empinando poco a poco, desde el Cerro Pelado hasta el Montón de Trigo, desde las Camorcas hasta Siete Picos o desde Majada Hambrienta a Dos Hermanas, y ello simplemente con girar un poco la cabeza.
Llegar a lo alto del Cerro no implica más que ganas de andar un rato. No más de una hora, y de superar un desnivel de unos doscientos metros, más o menos. Y merece la pena. Sobre todo en días claros del invierno, con la nieve cubriendo las laderas de las cumbres, o de la primavera, cuando todo el cerro está pintado de verde y te puedes sentar en alguno de sus lanchares a disfrutar del sol y del panorama. Vamos a subir.
Nos dirigimos a la Pradera de Valsaín y tomamos la calle que está junto a la fábrica de madera, adoquinada, para situarnos en la parte de atrás de la industria, donde podemos dejar el vehículo y donde comienza la carretera forestal de la Cueva del Monje a la Pradera de Vaquerizas -así se llama oficialmente-, cerrada por una barrera metálica con torno para las personas (fotografía 1, para ver las fotografías en mayor tamaño, pulsar sobre ellas) -recientemente se ha modificado el acceso a dicha carretera, situando la barrera justo donde comienza el camino que se dice más abajo y ahora no hace falta superarla sino que tiene, a su derecha, una puerta por la que se accede directamente al inicio de la ruta-.



Aproximadamente cien metros después de superar la barrera, veremos como sale, a la derecha de la carretera, un camino que rápidamente gira hacia ese lado para introducirse, seguidamente, en el pinar que llevábamos a esa mano (fotografías 2 y 3).








El camino, como se aprecia en las fotografías, es amplio y en esta zona solamente tiene un posible desvío, por su derecha (fotografía 4), que no debemos tomar -nos llevaría hacia la zona donde se encuentra la Peña del Tizo-. Ese desvío se encuentra justo en el momento en que se abre el pinar y podemos observar, al fondo y arriba, nuestro destino.


Sigue el camino zigzagueando a la vez que cogiendo altura (fotografía 5), hasta que se pierde al llegar a una zona llana y abierta (fotografía 6), con grandes lanchares graníticos y hermosas vistas -justo enfrente, arriba, "El Mirador" situado en la ladera del Moño de la Tía Andrea (fotografía 7)-. Pese a no verse ahora el camino también aquí será difícil que no sepamos por donde seguir ya que, por una parte, sabiendo a donde vamos, podemos intuir la dirección correcta y, por otra, unos hitos perfectamente visibles nos ayudan en nuestro caminar.













Retomamos la subida entre las jaras que delimitan una especie de camino y, al poco, ya podemos ver, a nuestra izquierda, los primeros restos de fortificaciones (fotografía 8) y volver a encontrar una estrecha, pero marcada senda que, empinándose un poco más nos va a llevar hasta la "entrada" del Cerro (fotografía bajo el título).




El Cerro del Puerco nos muestra los restos de trincheras, edificaciones, fortificaciones, troneras; es decir, una notable variedad de construcciones bélicas que tienen su relación con la conocida como Batalla de La Granja, que tuvo lugar en la primavera del año 1.937. Se cuenta, algunas fuentes así lo dicen, que como no se conseguía tomar este cerro por la XIV Brigada Internacional, que lo intentó en cuatro ocasiones durante dos días, para llegar al último asalto hubo que "vencer" un amotinamiento mediante "la ejecución sumaria de cinco soldados al azar". Otras fuentes, con alguna base documental, cuentan que los cinco soldados "ejecutados" lo fueron por desertar. Salvajadas, unas u otras, que nos recuerdan lo que algunos llaman el "cainitismo español". En fin, parece que en esa fallida toma del cerro la XIV BI dejó novecientos muertos. En otra actitud muy española, la mayor parte de las fortificaciones existentes en la Sierra (están, en otros puntos, en Cabeza Grande, Matabueyes, Cruz de la Gallega, Peña Citores, las Camorcas, etc.) parece ser que se hicieron DESPUÉS de la Batalla de La Granja.
Una vez recordado, muy a remolque, eso sí, ese pasaje histórico, dejémosle atrás y disfrutemos de lo que estamos viendo; giremos una y otra vez la vista y, una vez llenos los ojos de paisaje, pensemos en volver. Podemos hacerlo por donde hemos ido o, como propongo, pues los regresos por caminos distintos son más amenos, hagámoslo por la carretera forestal en la que iniciamos el camino. Para ello buscaremos la salida del cerro en su parte Este, es decir como si fuésemos hacia el Moño de la Tía Andrea. Unos hitos nos ayudarán a encontrar lo que primero es sendero (fotografía 8) y, poco después amplio camino que nos llevará a dicha carretera un poco por debajo de la Cueva del Monje (fotografía 9), al llegar a ella nos iremos hacia la izquierda, bajando hasta el vado de los Tres Maderos y, otra vez a la izquierda, hasta el inicio de la ruta.










Este es el plano de la ruta:





El inicio del camino está a 1.220 metros de altitud y la mayor elevación del Cerro es de 1.421. En subir se puede emplear menos de una hora, poco más o menos en bajar por el trayecto señalado.


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sábado, 27 de diciembre de 2008

LA CHORRANCA, Ruta II



Como quiera que puede haber determinadas épocas del año en que sea un poco complicado acceder a La Chorranca por la ruta ya publicada, dado que tanto el propio arroyo como la Cacera de Peñalara pueden llevar un volumen de agua que no nos permita, sin riesgo de mojarnos, atravesarlos, vamos a ver un camino alternativo, de duración y dureza similar al anterior y que también nos llevará por paisajes dignos de ser admirados según vayamos recorriéndole.
El objetivo que perseguimos ahora es el de situarnos, desde un primer momento, en la margen izquierda del arroyo y de la cacera para no tener que cruzarlos. Esto lo vamos a conseguir siguiendo la ruta ya publicada que nos lleva a la Silla del Rey hasta el momento en que superamos la Fuente de la Plata, giramos a la izquierda en la esquina de la tapia de los jardines del palacio y superamos, inmediatamente, el puente sobre la Cacera de Peñalara (fotografía 3 de la citada ruta).
Llegados a este punto ya hemos conseguido, fácilmente, el primer objetivo, es decir colocarnos "al otro lado" del agua. Ahora tendremos que seguir la cacera aguas arriba, primero por una senda que más que verse se intuye y, poco después, por un ya visible camino, paralelo al cauce, que poco a poco va tomando altura. Si hacemos este recorrido en una época en que la cacera lleve un buen caudal, será muy agradable su contemplación (foto 1) y escuchar el ruido de sus pequeños pero numerosos saltos.





Seguiremos la tranquila ascensión hasta llegar a una zona llamada "Los Tobarejos", en la que el pinar se abre para dejar ver la zona de Valsaín y Cerro de Matabueyes (foto 2) y, también, un poco más adelante, para dejar sitio a la pista que, de seguirla, que no es el caso, nos llevaría al Salto del Corzo -"Camino Forestal del Salto del Corzo", según la denominacion oficial-. En todo caso, al llegar a esta pista -utilizada en sus margenes para almacenar troncos- veremos que enfrente surge otra (foto 3), que es la que seguiremos durante un buen tramo y que se denomina "Camino Forestal de la Fuente de los Neveros".


Caminaremos, como digo, por esta pista, con restos de haber estado asfaltada y que actualmente está cerrada su margen derecha por un alambrada hasta que, poco después de ver que tal alambrada se va separando y poco antes de llegar a un punto en que desaparece por completo el "asfaltado", veamos que sale de ella, por la derecha, un amplio camino que se adentra en una pradera con excelentes vistas al Cerro del Puerco (fotos 4 y 5).















































Cogeremos este camino, que inmediatamente se va a la izquierda, en bajada hacia un estrecho arroyuelo (arroyo de los Neveros, fotos 6 y 7) que podemos salvar muy fácilmente en cualquier época del año.


















































El camino, en este punto es fácilmente visible (foto 8) y no tenemos más que seguirle. Poco después será más complicado porque se convierte en una pequeña senda que se ve con cierta dificultad, sobre todo cuando los helechos están en su punto de mayor crecimiento; pero no tenemos que preocuparnos por que tendremos otra vez a la vista, a nuestra derecha, siempre a ese lado, la Cacera de Peñalara que nos sirve de perfecta guía hasta que enlacemos con el punto en que nos encontraríamos en el caso de haber seguido la primera de las rutas que nos llevan a La Chorranca (foto 8 de la Ruta I) .





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miércoles, 8 de octubre de 2008

Miradores al Valle de Valsaín - La pradera de Navalazor



Varios son los miradores que nos permiten admirar la grandeza del valle de Valsaín y su incontable arbolado. Llegar a alguno de ellos (por ejemplo a Peña Citores o las Camorcas) requiere un notable esfuerzo, más en el primero que en el segundo de los ejemplos, pero asomarnos desde otros (Cerro del Puerco, el de Cogorros o el de Maravillas) tan sólo nos exige las ganas de dar un paseo más o menos costoso. Estos miradores, los cinco citados más "El Mirador", ubicado en la vertiente oeste del Moño de la Tía Andrea y citado en la anterior ruta, y el de la Pradera de Navalazor, al que vamos a ir en esta ruta, son los lugares que entiendo más idóneos para hacernos una idea de la riqueza paisajística y natural de este rincón del Guadarrama.

El inicio de nuestro camino se encuentra justo en el kilómetro 132 de la carretera de subida, desde Segovia, al Puerto de Navacerrada, en una de las "siete revueltas", curva a izquierdas que nos deja sitio suficiente para aparcar dos o tres vehículos y donde apreciamos el inicio de una pista asfaltada, cerrada por una barrera con torno de acceso para las personas (fotografía 1).



No tenemos más que seguir la pista, en muy suave ascenso, en la que pasaremos de una altitud de 1460 metros a unos 1520 en poco más de un kilómero, hasta que veamos, a nuestra derecha, una pequeña pradera, a veces utilizada -como tantas otras- como cargadero de troncos (cargadero de la Cuesta de los Muleros, lleva por nombre, con recuerdos a García Lorca) -fotografía 2- donde dejaremos la pista asfaltada para coger un visible camino -fotografía 3- que, descendiendo, nos llevará hasta el arroyo del Telégrafo.








































Antes de continuar, vamos a hacer una pausa y asomarnos -no es difícil, pero sí requiere prudencia- al fondo de esta pradera que termina en un pequeño y estrecho barranco por donde discurre el Telégrafo, pequeño arroyo que nace cerca de la pista de esquí del mismo nombre, arriba, en Navacerrada, para atravesar, poco después, la más que conocida -y caminada- senda Smith. Si nuestro paseo lo hacemos en invierno o en el deshielo, la sensación de ver pasar tanta agua por un sitio tan angosto no nos dejará indiferentes, más aún si nos atravemos a seguir bajando ya que, pocos metros arroyo abajo, éste forma un bonita cascada, lo suficientemente digna como para salvar las dificultades de acceder a sus mejores vistas.

Sigamos, vamos a bajar al Telégrafo (fotografía 4) y atravesarle -pocas veces no se podrá hacer por la cantidad de agua que lleve- e inmediatamente vemos el camino -fotografía 5- que, salvando un desnivel de unos cuarenta metros y después de haber andado medio kilómetro, nos deja en las puertas de la Pradera de Navalazor -fotografía 6.



































Ya hemos llegado. Sólo nos falta dirigirnos hacia la derecha, donde vemos un grupo de graníticas rocas que forman el mirador -fotografía 7-, sentarnos y disfrutar. Al otro lado del barranco, arriba, podemos ver Peña Citores -fotografía 9-, otro de los miradores -desde mi punto de vista, el mejor- y detrás Dos Hermanas. A la izquierda, el valle con el pelado Matabueyes a la izquierda y el Cerro del Puerco a la derecha, encima de La Pradera y más al fondo el embalse del Pontón y La Atalaya -fotografía 8.



El dato: La Pradera de Navalazor se encuentra, según el GPS: N40 48 20.9 W4 01 45.2 y este es el perfil de la ruta:



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miércoles, 27 de agosto de 2008

A la Silla del Rey por el arroyo Carneros




En la provincia de Segovia, en el Pinar de Valsaín, se encuentra otra "silla del rey", que, aunque mucho más modesta, puede recordar a la famosa de Felipe II, en San Lorenzo de El Escorial.

En lo que, indudablemente, gana la nuestra, la segoviana, es en su emplazamiento y el paisaje que la rodea y, sobre todo, en la belleza del camino que vamos seguir hasta encontrarla y que trataré de describir con el mayor detalle posible.

Al poco de salir de La Granja con dirección al Puerto de Navacerrada nos encontraremos con una entrada de "carretera" a la izquierda que, después de pasar por la Puerta de Cosio -por la que se podría acceder a los Jardines del Palacio Real-, acaba junto a otra puerta -ésta anónima- donde intentaremos dejar el vehículo caso de haberle llevado y de tener sitio pues la reciente construcción de un depósito de agua lo dificulta, en cuyo caso no tendremos más remedio que retroceder hasta encontrar aparcamiento.

Metros antes de finalizar esta "carretera" veremos, a nuestra derecha, la entrada al camino que seguiremos y, poco después, un puente de madera (foto 1) que nos permite superar el arroyo que se forma cuando el lago existente en los Jardines (el "Mar") rebosa.

Nada más superar el pequeño talud y dirigiéndonos hacia la izquierda, nos encontramos con la pared que delimita el Jardín del Palacio Real, y un camino paralelo a la misma que nos llevará hasta su esquina superior derecha, pasando poco antes por la Fuente de la Plata (foto 2).




Giramos hacia la izquierda en cuanto alcanzamos el esquinazo y pasamos seguidamente por un puente (foto 3) bajo el que discurre, según que época del año, el agua de la Cacera de Peñalara que lleva, hasta el "Mar" parte de las aguas del arroyo de su nombre y, también, del de la Chorranca.


Inmediatamente, y junto a uno de los mojones del Pinar (foto 4), veremos una pequeña pero marcada senda que se aleja de la valla hasta unirse a una pista más ancha (foto 5).






Seguimos por esa pista, hacia la izquierda, hasta que vemos que la misma se bifurca, en cuyo momento cogeremos el ramal de la derecha (el otro nos lleva a un pequeño vado del Carneros) (foto 6), que inmediatamente nos hace coger altura, a la vez que pierde anchura, y desde el que iremos viendo, una veces más lejos y otras prácticamente al lado, el arroyo Carneros, que también presta sus aguas para que puedan "correr" las fuentes de La Granja. Seguimos sin pérdida por el marcado sendero, a cuyos lados podremos ver algunos ejemplares de acebo, visible incluso cuando trepamos por unas rocas, hasta que frente a nosotros aparece una zona en la que el suelo está cubierto de grandes piedras a la que no llegaremos ya que giraremos hacia la derecha en ángulo de noventa grados (foto 7), ascendiendo hasta llegar a otra pista de tierra (foto 8, tomada desde la pista), prácticamente enfrente de la Fuente del Chotete (foto 9), donde podemos recuperar el aliento mientras la contemplamos.














































Reanudamos la marcha siguiendo la nueva pista hacia la izquierda, según la dirección que traíamos, pasando por encima del arroyo que nos acompaña y hasta que finaliza la misma, en el lugar llamado Dos Cabañas, que sirve de cargadero de troncos y en cuyo fondo podemos apreciar un puente de madera (foto 10), el cual pasaremos, despidiéndonos así del Carneros, para coger otra pista que vemos un poco más abajo y que enseguida gira hacia la derecha, por donde no iremos (fotos 11 y 12), sino que cogeremos una senda que aparece pegada al pequeño arroyo que tenemos a la izquierda (arroyo del Cañón, se llama) y que después de una regular subida nos depositará en otra pista de tierra (foto 13 tomada desde la nueva pista de tierra),




































Una vez alcanzada esta nueva pista de tierra, giraremos a la derecha para llegar en pocos minutos al Salto del Corzo (foto 14), pudiendo observar, según entramos, al fondo (foto 15), las rodadas que nos indican por donde hemos de seguir para llegar a la Silla del Rey, lo que nos llevará unos diez o quince minutos.






































Una vez llegados a la cima del Moño de la Tía Andrea, que no de otra manera se denomina el cerro que acabamos de coronar, podremos recordar a Manolo desde cerca, observar la silla objeto de nuestro andar (foto del inicio), y nada más, pues desde la misma no se aprecia paisaje alguno, sino sólo los pinos que la rodean. En su base aparece escrito (fotos 17 y 18) "El 23 de agosto de 1848 se sentó S. M. Don Francisco de Asís de Vorvón” (es decir "de Borbón"). Este D. Francisco se casó con la reina Isabel II, su prima, por lo que, aunque consorte, era, finalmente, rey y padre de reyes, concretamente de Alfonso XII, abuelo de Juan Carlos I.





























Pese a la falta de visión desde la propia Silla, es lo cierto que el Moño de la Tía Andrea tiene un hermoso mirador -así llamado, "El Mirador"-, formado por un conglomerado de grandes rocas situado en su falda izquierda según ascendemos y fácilmente localizable.

La altitud en la cumbre del Moño es de 1.688 metros y el inicio de la ruta está situado en la cota 1.220 m, tardando en hacer el recorrido algo menos de dos horas.

La vuelta puede hacerse por el mismo camino o bien bajando por la pista asfaltada que encontramos en el Salto del Corzo hasta el Vado de los Tres Maderos (puente sobre el arroyo de La Chorranca) y una vez pasado éste coger el primer desvío a la derecha que nos llevará, después de pasar por el Puente Negro, sobre el mismo arroyo, y por el Puente Blanco, sobre el arroyo formado por el sobrante de "El Mar" que atravesamos al principio, a la Puerta de Cosío y desde allí al coche o a La Granja.

El dato: La Silla del Rey se encuentra situada N40 52 49.6 W3 58 57.6

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